lunes, 13 de abril de 2015

Mil gritos tiene la noche (Juan Piquer Simón, 1982)


Hay un cierto acuerdo global en que la mejor película de Juan Piquer Simón es Mil gritos tiene la noche (título increíblemente mal traducido del más sugerente y coherente con el film, Pieces). De alguna manera se interpreta como su film más sólido e, incluso, con cierta capacidad no solo para coger el guante del incipiente slasher, sino para generar novedades al subgénero. Pero, ¿es esto realmente así? Si bien es cierto que algún que otro mérito se le puede otorgar a la película, esencialmente en cuanto a originalidad en las muertes y en la creación de un leiv motiv musical para el asesino, la verdad es que en el fondo estamos ante un más de lo mismo, como si del reverso cutre de cine de autor se tratara, en lo concerniente al universo “piquersimoniano”. Desde líneas de diálogo que por sí solas justifican y destruyen toda la trama posterior, pasando por un montaje de diversiones a lo Eisenstein que no lleva a ningún lado, estamos ante posiblemente uno de los peores arranques jamás filmados en la historia del cine. 


A partir de aquí la cosa se estabiliza, y entramos en un cierta rutina “asesinato-misterio-investigación” que arroja, eso sí momentos de ridículo espantoso. Desde el Bud Spencer de pandereta poniendo obvias caras de malo que llevan más a la risa que al miedo, hasta inspectores de policía que confían el caso a un estudiante pardillo sin coartada alguna, pasando por una policía “infiltrada” cuya identidad conoce toda la universidad, no se puede caer más bajo en materia de coherencia y de construcción argumental. Eso sí, la palma en materia de bochorno se la lleva la capacidad del asesino de disimular que lleva una moto sierra escondida en la espalda junto al momento artes marciales tan en boga por la época.



En su debe, sin embargo, está cierta sordidez en las muertes, la generosa cantidad de sangre (in crescendo durante todo el film) derramada y la abundancia de destetes patilleros que trufan la función. Elementos estos imprescindibles en cualquier slasher que se precie y que Piquer Simón lleva a sus niveles más óptimos. Junto a ello también es destacable el intento de fusionar el género con primos hermanos cinéfilos como el giallo. Intento que se limita a ponerles guantes al asesino y cambiar su weapon of choice en modo random de moto sierra a cuchillo de cocina.


En definitiva, Mil Gritos Tiene la Noche pretende ser un psychothriller oscilante ente lo psicológico y sangriento y acaba siendo más bién un psicotrópico divertimento. Porque eso sí, sea por sus torpes elipsis, por sus fallos de raccord exhibicionistas o por su deficiente montaje, esta es quizás la película más disfrutable en cuanto ritmo y ratio metraje/argumento. No, esto no al convierte en la película más aceptable de la filmografía "piquersimoniana", pero sin duda, le da todos los ingredientes para ser la más recordada y, en cierto modo, disfrutable.


Escrito por Alex P. Lascort


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